17 de octubre de 2021

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XII, por José Manuel Leal

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (II). EL COMBATE DE POZO ALCÓN

Como veíamos en el artículo anterior, a partir del mes de mayo de 1811, un gran número de tropas españolas empiezan a reunirse en Pozo Alcón. En realidad, se trataba de una operación mucho más amplia y compleja que se conoce con el nombre de “Batalla de la Venta de Baúl”, y que tendrá además, y sobre todo, Pozo Alcón y Zújar como campos de batalla.

Las tropas francesas llevaban más de 16 meses ocupando las capitales y grandes ciudades de Andalucía; las zonas de sierra (Cazorla y Segura, Alpujarras, Serranía de Ronda, Sierra Morena…) eran territorio controlado más o menos por la guerrilla. Además, los españoles contaban con el Ejército del Centro que, con distintas alternativas, se refugiaba esencialmente en Murcia con la ayuda inglesa. En esta situación militar, el comandante en jefe de este ejército, el general Blake, recibe órdenes desde Cádiz de atacar al enemigo, que se encontraba en Granada, ahora al mando del mariscal Soult. Para ello, lo primero que hubo que hacer es asegurar lo que se conocía como “Raya de Murcia”: una línea de vanguardia que va desde Baúl a Pozo Alcón, con Baza como centro de operaciones. Para conseguir tal fin, era imprescindible, como es lógico, expulsar primero a los franceses de Baza –lo que se verificó el 7 de mayo- e ir acumulando el mayor número de tropas posibles en Pozo Alcón. Los franceses, por su parte, habían reunido también un gran número de tropas en Granada y en Jaén para contratacar. Como oportunamente veremos, un frente tan amplio desde Baúl a Pozo Alcón ofrecía un gran problema de comunicación entre las distintas unidades de aquel ejército y esto condicionará el resultado de la batalla. Las órdenes de Freire eran, para el brigadier de la Cuadra, que aguantara en Pozo Alcón el empuje de Godinot y que, de ninguna manera, fuera sobrepasado por estas tropas en dirección a Castril y Huéscar porque, si así fuera, se colocarían en la retaguardia del ejército español, en Baúl, cogiéndolo entre dos fuegos. Freire ordenó también al general O’Donnell que apoyara a la Primera División en Pozo Alcón. Las órdenes, como era previsible, llegaron tarde y De la Cuadra ya había abandonado la posición de Pozo Alcón, mientras que las tropas de O’Donnell serán destrozadas en Zújar (Recuerde el lector que en estos asuntos el tiempo se mide más en horas que en días).

Una vez hecha la presentación de la situación militar, veamos quiénes fueron sus protagonistas, objetivos y tácticas. Por parte francesa, el general en jefe era el duque de Dalmacia, el general Soult, que había sustituido a Sebastiani. Desde Sevilla, Soult se dirige a Granada, precedido de la División del general Godinot, que fue a situarse en Jaén. Asistían al general Soult en esta empresa un largo acompañamiento de “afrancesados”, entre los que destacaban Martí y el conde de Montarco (No olvidemos tampoco el componente de enfrentamiento civil que tuvo esta guerra). Por parte española, el jefe del Ejército del Centro era el general Blake, pero al haberse desplazado a Valencia, que también estaba siendo atacada, fue sustituido por el general Manuel Freire, que ya se había asentado en la Venta de Baúl; más a su derecha, en Valdemanzano (Vado de los manzanos) se situaba el general O’Donnell con la caballería y, por fin, en el extremo de la línea, en Pozo Alcón –que era el verdadero nudo de toda la operación- se encontraba el brigadier Ambrosio de la Cuadra con la Primera División del Tercer Ejército y otros efectivos. En cuanto a los planes de cada uno, los objetivos eran los siguientes: en primer lugar, por parte francesa, rechazar la amenaza de un ataque a Granada; y, en segundo lugar, obtener el triunfo total con una maniobra envolvente en la que las tropas de Godinot, traspasada la línea de Pozo Alcón, cortarían la retirada de los españoles, cogiéndolo entre dos fuegos para destrozar al Tercer Ejército y tomar prisionero a Freire. Por parte española, la intención última era la de invadir Granada y, en el peor de los casos, asegurar la “Raya de Murcia”. Ninguno de los dos contendientes logró conseguir sus objetivos.

El día 6 de agosto de 1811, las tropas de Godinot salen de Jaén con una División de la reserva compuesta por el 12º Regimiento de Infantería Ligera, el 55 y 58 Regimiento de “Líneas”, y el 27 de Dragones, además de dos escuadrones – el 12 y 21 Regimientos- en tanto que el mariscal Soult se despliega frente a las tropas españolas en la Venta de Baúl, en una estrategia más de contención y distracción que de verdadero ataque. El día 7, Godinot con 7000 infantes y unos 500 caballos se adelantaba por Jódar ocupando Quesada y Poyatos. El día 8, al amanecer, empezó el combate. En estas circunstancias, el brigadier De la Cuadra, que había recibido órdenes de resistir en Pozo Alcón, prepara sus planes. Tanto De la Cuadra como su Estado mayor consideraban que esta posición era muy débil y que era preferible enfrentarse a los franceses antes de que pudieran salir del Guadiana Menor, a la altura de Hinojares o Ceal, impidiendo así el despliegue de las tropas francesas y todo su potencial militar por los llanos del Rubial. No obstante, obedeciendo las órdenes, sólo puede destacar una partida de escopeteros en el Barranco de la Canal para frenar en lo posible el apoyo que el grueso del ejército de Godinot recibiría por el camino de Tíscar; además de dos escuadrones –el de Madrid y el de Jaén- destacados entre Ceal e Hinojares con el propósito de retrasar lo máximo posible el ataque enemigo. Planteado el combate, el comandante francés Remond con una compañía de “voltigueurs” (una especie de infantería ligera de montaña) ataca la vanguardia española desde Tíscar y la hace retroceder luchando hasta Pozo Alcón. Cuando las tropas de Godinot se juntaron, el ataque fue imparable. Desplegados por los llanos del Rubial (más bien “Rubiales”) y lomas del Pocico, al mando del coronel Lallemond, su fuerza arrolladora empujaba a la vanguardia española, que retrocedía ordenadamente para cubrir la retirada de las fuerzas de la Primera División, la cual se replegó en la margen izquierda del río Guadalentín, para posteriormente ser perseguidos por el coronel Dulong del 12º Regimiento de infantería ligera.

Croquis del «Combate de Pozo Alcón». Elaboración propia

Como ya hemos señalado, la posición estratégica de Pozo Alcón, situado en un llano, no ofrecía ninguna ventaja para su defensa; sin embargo, a su espalda, sí presenta excelentes condiciones militares el profundo y áspero barranco del Guadalentín. El paso del río no puede hacerse más que por veredas y derrumbaderos por los que apenas puede pasar un jinete si no es de uno en uno. Escribía el brigadier De la Cuadra: “Los caminos que conducen al paso de él (Guadalentín) son veredas hechas en un derrumbadero, que no proporcionan sino la marcha a caballo de frente, sin que pueda precipitar el paso, tanto por su aspereza como por las muchas revueltas que tiene”. Trasladado el grueso de la División a la margen izquierda del Guadalentín, De la Cuadra se mantiene en Pozo Alcón hasta que llegaran el Batallón de tiradores y los dos escuadrones que estaban en avanzada, y así, juntos, pasaron el río. Para cubrir la retirada de toda la División hacia Castril, aprovechando la oscuridad en la noche del 8 al 9 de agosto, dejó 300 tiradores apostados en el río que, con su fuego continuo, hicieron creer al enemigo que todavía se mantenía allí la División entera. Godinot ya ha entrado en Pozo Alcón. Sus órdenes son bien claras: debe cortar la retirada de Freire en su huida ante el empuje del mariscal Soult. Tiene a De la Cuadra en su flanco izquierdo y a O’Donnell enfrente; sin saber las intenciones de aquel, retrasa el ataque, lo que tendrá para Godinot nefastas consecuencias, al perder el favor del duque de Dalmacia.

Bola de cañón español encontrada en el margen derecho del Río Guadalentin

Esa misma noche del día 8, el general Freire manda nuevas órdenes a O’Donnell, que se encontraba en Valdemanzano, para que socorra a De la Cuadra, y a éste para que aguante el empuje enemigo hasta la llegada de la caballería. El caso es que estas órdenes, según se supo después y por el motivo que fuera, no llegaron a Pozo Alcón o llegaron tarde, cuando ya nada podía hacerse. De la Cuadra recibió un oficio de O’Donnell en el que le comunicaba que se reuniese con él en Cuevas de Zújar (Cuevas del Campo) para luego dirigirse juntos y atacar a los enemigos en Pozo Alcón, pero recibe este comunicado cuando ya estaba en Castril y le era imposible acudir. Entonces, situado en esta posición tan desfavorable desde el punto de vista militar, O’Donnell tuvo que retirarse a la orilla izquierda del río Barbata (más exactamente el Guardal o río Grande), vadeable allí por todas partes, donde sus tropas fueron derrotadas. En realidad, esta era la posición que O’Donnell había propuesto para, con todas las fuerzas juntas, detener a los franceses y no dar la batalla en Pozo Alcón, pero ni el combate parecía estar bien planteado ni funcionó la comunicación. Es en este momento cuando el general Godinot duda y desaprovecha la ocasión de perseguir al resto del ejército de O’Donnell y atacar Baza. Godinot sabía dónde estaba la División española de De la Cuadra, que había huido la noche anterior. Estuviera o no en Castril, De la Cuadra podría caer sobre su flanco y aun sobre su retaguardia si él, siguiendo a O’Donnell, se decidía a caer con todas sus fuerzas sobre Baza, metiéndose así entre dos fuegos, el de la ciudad ocupada todavía por Freire y el de la División que se iba a dejar a la espalda. No se atrevió a tal empresa, según le reprocharía después su general en jefe, el mariscal Soult. Al final resultó que la inesperada y sorprendente retirada de las tropas de Pozo Alcón sirvió de freno al avance enemigo y Freire pudo replegar el grueso del ejército la noche del 9 al 10 de mayo, en una marcha ordenada, en dirección a las Vertientes, Vélez-Rubio y Lorca; mientras que De la Cuadra se retiraba por Caravaca, dándose así por acabada la batalla de la Venta del Baúl y el Combate de Pozo Alcón. Pero la guerra no había terminado, como veremos en el próximo artículo.

                                                                    José Manuel Leal  

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