26 de julio de 2021

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XV, por José Manuel Leal

EL BAÚL DE LOS SUCESOS.

LAS TORMENTAS DE 1888

Los grandes desastres naturales, terremotos e inundaciones unidas a largos periodos de sequía, o las terribles y continuas epidemias de todo tipo han sido constantes en la Historia; y bueno es que no lo olvidemos sobre todo en estos momentos de universal pandemia por el coronavirus que padecemos.

De entre todas las grandes inundaciones que Pozo Alcón ha padecido a lo largo de su historia, sin duda que las de septiembre de 1888 figuran entre las más devastadoras y destructoras. Ya en mayo de ese mismo año se habían producido en León unas horrorosas tormentas que fue y ha sido la mayor catástrofe de esa ciudad. Las que aquí ocurrieron están relacionadas con el fenómeno que hoy conocemos como gota fría o DANA, que afectó a todo el sureste peninsular. En Almería, por ejemplo, según José Javier Capel (“Inundaciones y avenidas de los ríos de Almería. Una constante secular”): “Tras un periodo de 4 días de continuas nubes y crecidas, el 6 de septiembre de 1888, se producía un cataclismo, lluvias torrenciales catastróficas asolaron toda la provincia con inundaciones de proporciones dantescas de ríos y ramblas, contabilizándose 52 víctimas; en definitiva, se rebasaba ampliamente el orden o umbral del fenómeno, presentándose como un acontecimiento brutal e imprevisible”.

Y así fue efectivamente también en Pozo Alcón. Los días 6 y 7 de septiembre de aquel año se produjeron unas terribles inundaciones que asolaron totalmente el pueblo. No fue ni la primera ni será la última vez que Pozo Alcón era arrasado por un temporal, pero éstas fueron especialmente destructivas y trágicas con la pérdida de vidas humanas. La noticia apareció en varios periódicos. “La Correspondencia de España”, de 9 de septiembre, publicaba: “Han descargado fuertes tormentas de agua y piedra sobre Pozo Alcón y su término. Las calles y casas están inundadas y el vecindario se halla incomunicado con otros pueblos. Se ignora si han ocurrido desgracias personales; pero las materiales son de muchísima consideración”.

Y el diario “El Mahonés”, de 19 de septiembre, daba todavía más detalles: “El gobernador de Jaén aumenta su telegrama con las desgracias ocurridas en el pueblo de Pozo Alcón. De entre los escombros de las tres casas hundidas ha sido sacado el cadáver de un niño y tres mujeres heridas, dos de ellas de gravedad. El gobernador ha invitado a la Diputación para que destine alguna cantidad a fin de socorrer a aquellos vecinos”.

Y todavía la tragedia pudo haber sido mayor, si las tormentas se hubieran producido uno o dos días antes cuando se había celebrado la Feria de granos y ganado (del 2 al 5 de septiembre) y que, según aparece en el Diccionario Geográfico, Estadístico…. de 1885: “Es una Feria que no carece de importancia por las transacciones que se verifican y por la influencia de mercaderías que a ella concurren”.(Aprovecho la ocasión y abro aquí un paréntesis para decir que 10 años después, a partir de 1898, las fiestas de la patrona Santa Ana se trasladaron a estas fechas de septiembre, coincidentes con “la Feria de granos y ganado”. El motivo fue un gran incendio que se produjo en las mieses por unos artefactos voladores de fuego que se lanzaban en la feria. Las pérdidas fueron tales y la impresión tanta que decidieron trasladar dicha festividad).

Cabe destacar la actuación en aquellos tristes días del alcalde del pueblo Antonio García Toral para quien sus convecinos solicitaron del gobernador civil se le concediera la cruz de Beneficencia: “…profundamente agradecidos a la conducta del presidente de este Ayuntamiento, don Antonio García, en los aciagos días por que este pueblo ha pasado con motivo de la inundación ocurrida a causa de las tormentas que descargaron desde el 6 al 8 del presente mes”. En esta exposición se detalla la heroica actuación del alcalde: “…como entre otros puede citarse el de haber librado de una muerte cierta a varias personas, algunas de las cuales sacó de entre los escombros de edificios arrastrados por las corrientes, con gravísimo riesgo de su propia existencia hasta el extremo de haber sufrido lesiones al realizar el acto indicado”. Pero lo más importante de esta exposición, que reproducimos íntegra al final del artículo, no es tanto la petición que se hace, sino las personas que la hicieron, que constituye la sociedad dirigente de Pozo Alcón a finales del siglo XIX. Tenemos, por ejemplo, y en primer lugar al cura regente de la villa, Santos Torres, quien se reunió con el arzobispo de Toledo, el cardenal Payá, para pedir auxilio; tenemos, por ejemplo, también a José Pérez, que había sido el fundador de la logia masónica Estrella Flamígera de Pozo Alcón; y otros masones como el médico Nicolás Quiñones, el comerciante José Quiñones o el propietario Justo García; nos encontramos también con Marcos García, el mayor hacendado de la villa y mayor contribuyente del distrito de Cazorla; o Ángel Benavides, el farmacéutico; o Antonio Valero, padre del catedrático de Física y Química del mismo nombre; o incluso el comandante del puesto de la Guardia civil, el sargento Francisco Cabero de la Rosa, y los guardias a sus órdenes que detuvieron a un famoso delincuente llamado Narváez y que recibió la felicitación del mismo ministro; en fin, aparecen 153 nombres de la sociedad dirigente de aquel momento, lo que nos da una radiografía de la sociedad pudiente de Pozo Alcón de esa época.

Las ayudas llegaron a cuentagotas. El mismísimo arzobispo de Toledo: “recibió al párroco de Pozo Alcón, localidad que fue destruida por un ciclón, el cual refirió a su eminencia la situación desesperada en que se encontraba su feligresía, recibiendo del Prelado mil quinientas pesetas para las primeras necesidades y la promesa de poner cuantos medios estuviesen a su alcance para que la ayuda fuera la mayor posible” (de Pilar Tormo Martín de Vidales, “El cardenal Payá, apuntes para una biografía”).

Más aún, el 20 de diciembre de 1888, el Diario de Sesiones de Cortes publica la siguiente petición: “Del Ayuntamiento de Pozo Alcón solicitando se le condone el pago de las contribuciones para el próximo año, en razón al mal estado de su propiedad, así como se dé principio a la carretera de Quesada a dicha villa”. No puedo confirmar si el Gobierno accedió finalmente a esta petición; pero, lo único cierto es que después la carretera que se pedía quedó detenida en Tíscar y la única forma de atravesar el río Grande (el Guardal, hoy bajo el pantano del Negratín) era con una barca, así que cualquier tormenta mediana y sin llegar a los efectos de la de 1888 dejaba totalmente aislado a Pozo Alcón.

José Manuel Leal

2 comentario en “Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XV, por José Manuel Leal

  1. Excelente biografía (Paco Gámez.) En principio no te conozco personal mente,pero gracias por darnos a conocer estos datos que en su mayoría
    desconocemos.

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