27 de septiembre de 2021

Pozo Alcón: La historia y sus gentes VIII, por José Manuel Leal

QUIÉNES FUERON…

La vida de Francisco Hortal y Ángeles Hinojosa fue totalmente distinta a la de nuestros anteriores protagonistas, M. Antiñolo y María Ubalde: éstos eran franquistas, y aquellos eran republicanos y fueron los vencidos en la Guerra. No hubo honores ni reconocimiento, sino cárcel y dolor; nada de una larga vida bajo el cobijo del Régimen, sino la muerte temprana en condiciones adversas, repletas de infortunios. Y son, además, todavía más desconocidos en el pueblo.

Francisco Hortal Quiñones nació en Pozo Alcón en la calle Afuera el 3 de diciembre de 1899. Sus padres, Miguel y Antonia, eran campesinos y tenían además un rebaño de cabras que Francisco, a partir de los 6 años, tras la muerte de su hermano mayor, cuidaba solo en la Sierra del Pozo. Su formación fue totalmente autodidacta y sólo contó, al principio, con la ayuda de su hermano Miguel y con la del ya conocido maestro Manuel Quiñones Moreno, quien le prestaba algún libro y periódicos cuando Francisco bajaba, cada 15 días, al mercadillo que se celebraba todos los lunes y, por provisiones, a su casa. En la soledad de la Sierra empieza a nacer en el futuro maestro un hondo sentimiento espiritual que emana de la vida natural en que vivió.

Portada del libro homenaje a Francisco Hortal

El joven Francisco, dotado de una inteligencia superior, llama pronto la atención de las personas cultas del pueblo. El maestro Quiñones, Francisco Vela (su padrino y al que posteriormente salvará de la cárcel), con la probable influencia de Manuel Antiñolo, quien había visitado las Escuelas del Ave María y conocido al Padre Manjón, y también José Manuel Segura Fernández, catedrático de Derecho y compañero de Manjón en la Universidad de Granada, entre todos consiguen que Francisco Hortal ingrese primero, en 1916,  en las Escuelas del Ave María y, al año siguiente, en el Seminario de la Victoria para estudiar Magisterio. Y todo esto sin antes ni siquiera haber pisado las aulas. Terminados los estudios, en 1922, ejerció primero en las Escuelas del Ave María de Pinos Puente y Alcalá la Real; posteriormente, entró a formar parte del cuerpo del Magisterio español, obteniendo el número uno en su oposición. Fue maestro en La Iruela y Alcalá la Real; en esta ciudad se casó con Ángeles Hinojosa, el 27 de diciembre de 1926, y allí se encontraba al inicio de la Guerra Civil. Antes, en los períodos vacacionales, Hortal venía al pueblo y se dedicaba a enseñar a los niños en los cortijos de la Sierra, porque él nunca olvidó su origen. Y, antes de continuar con la vida de Hortal, nos referiremos a su mujer para así poder contextualizar mejor su posición política y su actuación, primero en Alcalá y, después, en Pozo Alcón, más concretamente en el Fontanar.  

Ángeles Hinojosa Hidalgo nació en Alcalá la Real el 2 de agosto de 1903. Fue hija de Francisco Hinojosa López, alcalde republicano de aquella villa y fusilado en 1939. Tuvieron cuatro hijos: Francisco, que murió muy joven, Miguel, Carmen y Antonio. Ángeles Hinojosa fue una mujer realmente bella, inteligente, valiente y con una gran dignidad. Tenía además unos claros ideales republicanos, como muchas mujeres de Alcalá, verdadera vanguardia del movimiento feminista y social de Andalucía, y reprimidas después con saña atroz.

Los primeros meses de la Guerra los pasaron en Alcalá, donde Hortal, miembro de Unión Republicana -partido centrista y liberal- forma parte del Comité del Frente Popular como secretario y de ahí le vendrán sus mayores problemas en el Consejo de guerra. Tras la entrada de los “nacionales” en la ciudad, huyeron a la Iruela donde se encontraban refugiados cuando, en 1938, se presentó en su domicilio la mujer del maestro de escuela de Pozo Alcón, Antonio Chavarino Gómez, para solicitar su ayuda porque tanto él como otras personas de derechas del pueblo habían sido trasladados a la prisión de Jaén. Hortal, gracias a sus dotes de convicción e influencia política, logra el excarcelamiento con la condición de que él y su familia tenían que trasladarse a Pozo Alcón, como garante y valedor de estas personas a las que pudo liberar de la cárcel; labor ésta que en gran parte fue recompensada con el cariño que su padrino, Francisco Vela, o sus amigos, Pedro Jiménez y, sobre todo, Manuel “Pelijas” tuvieron con él, haciéndose cargo temporalmente de sus hijos y acompañando a su mujer en el poco tiempo que permaneció  en Pozo Alcón y Fontanar después de la detención del maestro.

Al finalizar la Guerra, los dos fueron encarcelados y acusados en el mismo Consejo de guerra: Hortal acusado de “Auxilio a la rebelión” y su mujer, por “Excitación a la rebelión”. Ni que decir tiene lo paradójico que resulta que “los rebeldes” acusen de “rebelión” a los que permanecieron fieles a la República. En estas circunstancias, no cabía más defensa que recurrir a los avales de los conocidos del bando franquista, que atestiguaran su comportamiento durante la Guerra, por lo que Hortal había solicitado varios informes. En primer lugar, pidió informes favorables de dos vecinos del Fontanar, Francisco Quiñones Monje y Antonio Gómez, que formaban parte de la Comisión Gestora franquista constituida para hacerse cargo del poder. El alcalde presidente de la comisión, Antonio Jurado, remite un informe a su favor con fecha 22 de junio 1939, en el que certifica que el acusado, según “los vecinos del anejo del Fontanar (…), ha observado buena conducta tanto en el orden político cuanto en el social”.


Informe del Alcalde Antonio Jurado.

También pidió posteriormente otros certificados de buena conducta de “D. Manuel Alejo, sacerdote que en la actualidad es párroco de Quesada; D. Andrés García Asenjo, párroco entonces en Pozo Alcón y hoy canónico en la catedral de Sevilla; otro sacerdote, llamado D. Horacio Moreno, que en la actualidad es cura-párroco en Pozo Alcón; así como los comerciantes D. Juan Segura Segura, D. Pedro Jiménez Muñoz, D. Antonio Chavarino Gómez, maestro nacional, y autoridades”.

En dos informes, el párroco de Pozo Alcón es todavía mucho más explícito. En uno de ellos podemos leer que “observó una conducta intachable, ajena a toda política, dedicado al estricto y fiel cumplimiento de su labor ministerial”. Se refiere el párroco a la labor de maestro que Hortal ejerció en el Fontanar donde, entre otros muchos niños, estaban algunos de los “niños de Madrid”, que habían llegado en 1937 y vivían allí.

Certificados de buena conducta del párroco D. Horacio

Por su parte, Ángeles Hinojosa fue detenida después que su marido, en el camino que iba desde la aldea del Fontanar a Pozo Alcón, cuando se dirigía al pueblo con el pequeño Antonio en sus brazos. Dos jovenzuelos falangistas a caballo la detuvieron y llevaron hasta la cárcel local. Allí, en condiciones inhumanas, permaneció encerrada con sus cuatro hijos, hasta que una amiga, la señora Balbina, cuyo marido, Pedro Jiménez, había sido socorrido por Hortal en el periodo de la Guerra, exigió la custodia en su casa en tanto se aclararan las acusaciones. Posteriormente fue conducida a Alcalá la Real y después a la cárcel de mujeres de Santa Clara en Jaén, donde falleció el 9 de agosto de 1940, meses después de ser condenada, siempre con el pequeño Antonio entre los brazos.

El matrimonio fue juzgado conjuntamente, con lo que tuvieron la oportunidad de volver a verse y probablemente de despedirse. El Consejo de guerra se celebró en Jaén el 30 de enero de 1940 y fueron condenados a 20 años e inhabilitación absoluta para ejercer la profesión y a 6 años y un día, respectivamente. Del tribunal, como vocal, formaba parte- circunstancias de la vida- otro poceño, el entonces joven teniente de infantería Abrahám Salazar Padilla, aunque de poco o muy poco les sirvió. Las acusaciones en síntesis fueron, en el caso de Hortal, sus actuaciones en Alcalá la Real los primeros meses de la guerra y que, como miembro del Comité del Frente Popular, no había hecho lo suficiente por salvar de las torturas y tratos degradantes a algunos derechistas allí detenidos. Otras acusaciones fueron el haber participado en la revolución de octubre (la llamada revolución de Asturias) o haber retirado el crucifijo en su escuela. De todas estas acusaciones, Hortal se defendió negando algunas de ellas y aportando testimonios de su actuación en otras, que más o menos lo exoneraban. Lo que sí era cierto y no había forma de negarlo, era que, en Alcalá la Real, participó activamente en contra del golpe militar y había actuado como secretario en el Comité revolucionario. En cuanto a su mujer, fue acusada de ideología izquierdista, de enseñar a sus hijos canciones revolucionarias como el “Avanti comunisti” o “el himno de Lenin”, en lugar del catecismo, y de haber convencido a todas las muchachas que trabajaban en un taller de costura, para que huyeran también advirtiéndoles del peligro que corrían cuando entraran las tropas franquistas.

Francisco Hortal, tras pasar unos años en la cárcel, donde trabajó como auxiliar de enfermería, fue puesto en libertad condicional en 1943. Antes, en la prisión había establecido relación con una joven de Rus, hija de un farmacéutico, que visitaba a los presos de la cárcel de Jaén en su labor cristiana de redención. Al salir de prisión, se casó con ella, matrimonio que se rompió inmediatamente al negarse ésta a hacerse cargo de sus hijos. Y, siguiendo la desgracia, en octubre de 1945, falleció su hijo mayor. Entonces marchó a vivir a Mengíbar, donde permaneció hasta su muerte el 9 de diciembre de 1963. Y allí, a principios de 1945, pudo reunir a sus hijos que, durante más de cuatro años habían estado repartidos entre familiares y amigos en Pozo Alcón; y, aunque estaba apartado del servicio, le fue permitido por las autoridades locales el poder dar clases particulares, encontrando un grupo de alumnos que querían prepararse para “Ingreso de Bachillerato”. Después, ante la gran afluencia de alumnos, le habilitaron un local más grande y los éxitos conseguidos por sus alumnos, que se examinaban en Jaén, le dieron gran prestigio. Por fin, en 1962, fue reintegrado en el Magisterio Nacional, pero su salud estaba ya bastante quebrantada, falleciendo meses después con 64 años, cuando se estaban cumpliendo sus aspiraciones de reintegrarse en el servicio.

El Ayuntamiento de Mengíbar, en reconocimiento a su labor, le dedicó la calle donde estaba su antigua academia: “Calle Maestro Francisco Hortal”. En Pozo Alcón, con motivo del Día del Docente, el 24 de febrero de 2011, recibió el homenaje póstumo en presencia de sus hijos, nietos y discípulos que acudieron al acto. Fue un homenaje con el que el IES Guadalentín, el Ayuntamiento y la Delegación de Educación quisieron recordarlo, salvándolo del olvido en el que en este pueblo estaba. Y todo ello porque creemos que personas y ciudadanos como Francisco Hortal, comprometidos así tanto en su vida particular, como en sus actuaciones políticas, merecen que nos acordemos siempre de ellos y que reciban el agradecimiento a toda la inmensa labor de sus vidas.

José Manuel Leal

La Delegada de Educación, María Angustias Rodríguez y la alcaldesa, Pilar Salazar, entregan placas conmemorativas
La directora del I.E.S Guadalentín, Josefa Navarro, se dirige a familia e invitados a la entrada de la biblioteca del Centro » Maestro Francisco Hortal»
Familiares y autoridades en el acto-homenaje
Foto de boda de Francisco Hortal y Ángeles Hinojosa

8 comentario en “Pozo Alcón: La historia y sus gentes VIII, por José Manuel Leal

  1. Gracias por dar a conocer la vida de Francisco Hortal y Angeles Hinojosa, soy su nieta. Algunos de los detalles no los conocía.
    Con mi madre no hablo mucho de detalles porque lo pasa muy mal.
    Lo dicho, gracias.

  2. Gracias José Manuel Leal por dar a conocer estas historias de nuestro pueblo, no sé si están plasmadas en un libro o si se van a publicar de alguna manera para tenerlas todas.
    Gracias.

  3. Leído, con toda atención, este excelente trabajo, me hago la siguiente pregunta..hicieron lo suficiente las élites poceñas para liberar al Maestro Hortal y esposa?. Rotundamente, no. En una situación tan delicada como la del matrimonio Hortal /Hinojosa, no basta con certificados de buena conducta, por muy laudatorios que fueran…Aquellos que, según se desprende del texto, sentían tanto aprecio y afecto por el Maestro Hortal deberían haber constituido una Comisión y hacerse presentes en Jaén, con sus flamantes camisas azules, y, ante el Presidente del Tribunal,defender los valores y virtudes del matrimonio; no es lo mismo el efecto que pueda causar un frío certificado que una valiente y emotiva defensa, ante quien tiene en sus manos el futuro de estas personas. Seguro que pesó más el temor a “ incomodar” a los jerarcas franquistas provinciales, a fin de no hipotecar su futuro político.
    A tiempo estamos de manifestar nuestro afecto, ya que no podemos reparar la injusticia; que la calle Afuera pase a llamarse, “ calle del Maestro Hortal”
    Antológico, el final del certificado del Párroco

  4. Un gran homenaje merecido a este gran Maestro al que tanto debemos muchos de sus antiguos alumnos de Mengíbar. A él le debemos nuestra actuación en la vida, pues fue el espejo en que el que queríamos vernos. Gracias.

  5. Muchas gracias, José Manuel, por dar a conocer esta parte de la historia que vivieron mis abuelos, tan dura e injusta. Ojalá la labor pedagógica y vital que realizaran haya servido para muchas personas, además de sus hijos y nietos, que les admiramos.

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