25 de febrero de 2024

Pozo Alcón: La Historia y sus gentes. XLV

LA REPRESIÓN

Por José Manuel Leal

Una vez finalizada la Guerra Civil en 1939 y tras la entrada a primeros de abril de las tropas franquistas, había llegado la hora de la revancha para la derecha local. Los tres años de guerra había transcurrido para ellos entre registros, encarcelamientos, multas y expropiaciones de tierras. Las reliquias de la iglesia habían sido quemadas y el edificio convertido en sede de los sindicatos y almacén de guerra. La matanza del Guadalentín, donde murieron siete falangistas huidos de Yeste (Albacete) debió de llevar el terror a muchos de los más de cien de ellos que habían sido detenidos. Todo esto, ciertamente, había ocurrido, aunque nada comparable a la barbarie criminal que se produjo en la mayoría de lugares de España. Pero, ahora, llegaba el momento del rencor y de la venganza de los vencedores, encabezada por la Falange local. Además, otro factor, que podríamos calificar de psicológico, influyó en la dura represión que se estaba preparando. El hecho de que la derecha local hubiera mantenido una posición pasiva en el momento inicial de la guerra la incitaba ahora a lavar esa imagen mediante una identificación total con el nuevo Régimen franquista. Una actitud aquella que el comandante del puesto de la Guardia Civil en la Causa General, recordemos, decía que la causa de esa pasividad se debía, entre otros motivos a “…el miedo y la apatía de los elementos de derechas en esta localidad que se inhibió en sus casas en espera de que todo se lo dieran hecho…”. Lo que constituía un juicio demoledor que había que revertir.

La represión fue durísima. Muchas mujeres de milicianos, sobre todo de la CNT, que más se habían significado, fueron humilladas, vejadas, sometidas a todo tipo de abusos que no es preciso especificar. Ser mujer, hijo o familiar de un “rojo” se convirtió en un estigma que duró prácticamente hasta el final del Régimen, el cual en sus cerca de 40 años de existencia pasó por distintas etapas más o menos represivas. Los hombres, soldados y dirigentes, corrieron distintas suertes desde la cárcel o los campos de concentración, hasta las ejecuciones y “ahorcamientos”, y en algunos casos el exilio. Las acusaciones, delaciones y avales para liberar a los detenidos se convirtieron en moneda corriente de un alto precio.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos EstatalesMinisterio de Cultura.España

Vamos a comenzar este análisis de la represión que aquí se produjo empezando por un resumen de todos los acusados que aparecen en la Causa General instruida desde 1941 a 1943. Según hemos visto en documentos de esta Causa ya publicados en otros artículos, del saqueo de la iglesia y destrucción de imágenes se acusó a Antonio Segura Segura y a Macario Bustos Iruela. Muchos más fueron los acusados por su participación en el crimen del Guadalentín, en su mayoría de la CNT: Gabriel Sánchez Navarro, José Iruela Lara, Antonio Salazar Llamas, Francisco Gámez Cruz, José Navarro Ruiz, Mariano Fernández Rodríguez, Juan Navarro Lara, Diego Médel Fontarrosa, Juan Francisco Moreno Carmona, José Moreno Guerrero y Pío Moreno Férez. Es decir, un total de trece republicanos que, según el alcalde Agustín Tirado, en 1941 se encontraban “detenidos en las cárceles de Jaén”. Peor suerte corrió el joven José Cruz García, acusado de haber participado en el asesinato en Montoro del poceño José Fidel Carmona y que fue ejecutado en Jaén.

Diego Medel, represaliado ( archivo de la CNT)

En otros documentos de la Causa General se acusa de haber formado parte del Comité del Frente Popular a Casiano Cerrillo Casado, José Carmona Iruela, Cirilo Vilar Vargas, Julián Gámez Segura, Justo Bustos y Reyes Bustos Moreno. También fueron denunciados por haber ejercido las funciones de alcalde durante la guerra Antonio Lara Iruela, Juan Antonio Cabezuelo Fernández y Moreno Galeote, además de Emilio Gámez Segura, del que no se especifica el cargo. Finalmente, se acusó al juez municipal, Domingo Rodríguez Egea (Domingo “El Zapatero”), por marxista. Tanto el secretario del Ayuntamiento, José Mallol García, como el secretario del juzgado, Emilio Antiñolo Rodríguez, permanecieron en sus puestos por ser personas de claras ideas derechistas.

Pero no fueron éstos, ni mucho menos, todos los poceños que fueron detenidos tanto en el pueblo como en otros lugares de España. La siguiente noticia breve publicada en el diario “Azul: órgano de la Falange Española de las JONS”, de 21/05/1939, nos informa de una de estas detenciones. Con el titular “COCHE REQUISADO”, decía: “Ha sido detenido Juan Criado Garrido, que requisó el coche nº 8982, propiedad de José Guerrero Carmona en Pozo Alcón (Jaén), en Agosto de 1938”. (Según esta noticia, podemos deducir que Juan Criado muy posiblemente debió de forma parte del Comité del Frente Popular pues tenía autoridad para requisar un vehículo).

Otro poceño de origen, afincado y detenido en Serón (Almería), fue José Alpiste Caballero. Nacido en 1877, a los 64 años fue condenado en Consejo de guerra a 12 años de reclusión, pena que después fue rebajada a tres años, que cumplió en la prisión de Purchena (Almería). José Alpiste, militante de la UGT, debió de tener algún protagonismo en la fundación de este sindicato en Pozo Alcón en 1931, junto al zujareño Agustín Arredondo Noguera, que fue secretario judicial aquí en los años 30.

Pero, sin ninguna duda, el poceño que más tiempo estuvo en prisión fue Julián Gómez Antiñolo, encarcelado junto a Benito Moreno Ortiz en el Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona. Julián Gómez fue detenido al principio de la guerra y condenado en enero de 1937 por un tribunal militar de Palencia a reclusión perpetua bajo la acusación de rebelión militar. Tenía entonces 24 años, estaba casado y su oficio era el de forjador. Consta que sabía leer y escribir. En 1942 fue trasladado a la prisión del Dueso (Cantabria), donde cumplió íntegra la condena hasta el 25 de julio de 1966, es decir, los 30 años exactos que significaba entonces el concepto de reclusión perpetua. En cuanto a Benito Moreno, soltero y jornalero de oficio, no consta ni el tribunal ni el delito ni la pena. Tan sólo sabemos de él que estuvo detenido en el Fuerte de Sn Cristóbal entre el 24 de junio de 1936 hasta el 23 de septiembre de 1937, es decir, apenas 15 meses.

Y fueron muchísimos más los poceños encarcelados, algunos de ellos ejecutados. No pretendo que esto sea un mero listado de víctimas, ni mucho menos reabrir viejas heridas, pero sí el dejar constancia de algunos hechos y nombres que no deberían perderse en la memoria. En los estudios de memoria histórica de Jaén aparecen otros nombres de detenidos en la prisión provincial de Jaén, como son: Pablo Gámez Navarro, Francisco Lara Sedeño o Bibiano MartínezHeredia. Hay, sin embargo, otros dos poceños que murieron en el mismo pueblo en extrañas circunstancias: Juan Moreno Salazar, campesino, quien el 03/06/1939 apareció ahorcado en el depósito municipal, y Pedro Hortal Moreno, jornalero, quien también apareció ahorcado en el depósito municipal en diciembre de 1940.

En cuanto a los poceños que fueron fusilados, a falta de una más amplia investigación, estarían José Navarro Ruiz, chófer de 23 años, fusilado el 06/12/1941; también, como ya vimos, el joven José Cruz García y quedaría por confirmar el fusilamiento de Juan Carmona Moreno, quien aparece con el alias “El Bizquillo”.

Para finalizar esta aproximación histórica a la represión posterior a la guerra, vamos a ocuparnos de aquellos que fueron condenados a campos de trabajo y de los exiliados.

 Antes de finalizar la guerra y en la inmediata posguerra, multitud de republicanos fueron condenados a trabajos forzados en las llamadas Colonias Penitenciarias Militarizadas, donde sufrieron penas a las que habían sido condenados en Consejos de guerra, sin ningún tipo de garantías jurídicas. Al menos, que sepamos, nueve poceños fueron condenados en causas militares y trasladados a campos de concentración de Tarifa (Cádiz) y Dos Hermanas (Sevilla). Era lo que se conocía como “la redención de penas por el trabajo”, tan del gusto de los regímenes dictatoriales.

En Tarifa, sin duda uno de los campos más duros, situado en “Punta Paloma”, fueron enviados miles de represaliados y exsoldados de la República para construir fortines para ametralladoras, cañones y vías de comunicación. Su finalidad era doble: por una parte, asegurar el área del Estrecho ante una previsible invasión de las tropas aliadas en el Segunda Guerra Mundial; por otra parte, con estas obras se abría la posibilidad de atacar Gibraltar. La llegada de prisioneros a esta zona fue constante y con la máxima rapidez para completar las obras. Allí llegaron varios poceños condenados por tribunales militares, entre ellos, aunque pudo haber alguno más, estarían: Florentino Benítez Calle, José Cruz Hiruelas, Antonio Díaz Gámez, José García Moreno, Ángel García Navarro y Enrique Muñoz Antiñolo. Todos, con una media de 25 años en 1941, habían servido como soldados de la República, fueron condenados y enviados a los “Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores”, creados en 1940 como servicio militar especial para los declarados desafectos al régimen.

En lo que respecta al campo de concentración de Dos Hermanas, su finalidad era otra bien distinta: la construcción de un canal de 150 Km. llamado Canal del Bajo Guadalquivir, más conocido como “Canal de los presos”. A este lugar fueron enviados, en general, prisioneros políticos de más edad y más especializados que incluso cobrarían en concepto de jornal 2 pesetas diarias, de las que se descontarían 1’50 para gastos de manutención, por lo que la percepción real sería de 50 céntimos por día de trabajo más la correspondiente reducción de pena. En la finca “Los Merinales” de Dos Hermanas, y aunque desconocemos el fallo del tribunal, lo confirmado es que en 1940 estaban encerrados allí José Caro García, carretero de profesión; Miguel Moreno Antiñolo, carpintero; y el albañil José Cruz García, quien meses después sería trasladado a la prisión de Jaén para ser fusilado.

 Respecto a aquellos que marcharon al exilio, además de Diego Martínez Martos, superviviente de los campos nazis y que después se exilió en Francia, tenemos alguna información sobre Rosana Monge Avellaneda y Antonio García Bustos. Rosana Monge, hermana del político conservador Alfonso Monge Avellaneda, marchó al exilio junto a su marido el dirigente socialista y de la UGT, Juan Lamoneda. Desde Francia marcharon a la República Dominicana para aposentarse definitivamente en México. En cuanto a Antonio García Bustos, no tenemos  noticias claras de cuál fue su participación durante la guerra y ni siquiera si la pasó aquí o en Madrid. Sabemos que entre 1902 y 1904 figura como alumno en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid. Al finalizar la guerra, se refugió en Éguilles (Provenza, Francia) y partió para América desde Marsella, llegando al puerto de Veracruz, en México, el 18 de agosto de 1941. Su valedor fue el diplomático Felipe García Azcot. La profesión que figura en su tarjeta de refugiado político es la de industrial. También se afirma no practicar ninguna religión. Sus señas físicas son: 1’67 de altura; de complexión fuerte; de pelo negro-café; bigote rasurado; con una cicatriz en la oreja izquierda y calvo. De 61 años, nacido en Pozo Alcón en 1880. En principio, vivió en Calzada Tacubaya, en México D.F. Y no deja de ser curioso que un poceño fuera a aposentarse precisamente en un sitio cuyo significado en lengua náhuatl es “lugar donde se recoge el agua”.

Cédula de identificación de Antonio García Bustos en Méjico.

Estos son los represaliados que hemos podido identificar. De otros, como por ejemplo el maestro Francisco Hortal, Reyes Gámez, alcalde pedáneo del Fontanar, o Cristóbal Sáez, ya nos hemos ocupado con anterioridad; pero, sin duda, muchos más están todavía en el olvido. Después, el tiempo fue pasando y algunos se tuvieron que adaptar e incluso se integraron en el Régimen franquista, mientras que otros tuvieron que emigrar a distintos lugares o permanecieron excluidos y humillados aquí. La pobreza y el hambre se extendieron por todo el pueblo dando lugar más tarde a un gran movimiento migratorio de poceños de uno y otro bando porque, en realidad, en las guerras civiles, salvo algunos pocos, todos somos los derrotados.

José Manuel Leal

3 comentario en “Pozo Alcón: La Historia y sus gentes. XLV

  1. Me encanta los comentarios que hace José Manuel de los tiempos pasados de nuestro pueblo Pozo Alcon… enhorabuena y un fuerte abrazo.👏👏👏🤗…

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