28 de octubre de 2021

Pozo Alcón: La Historia y sus gentes. XXIX

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA: LA UNIÓN PATRIÓTICA

Por José Manuel Leal

El S. XX transcurría y Pozo Alcón se iba perfilando como una sociedad con un puñado de grandes propietarios, con la Compañía Lazo, Pacheco y Martínez a la cabeza, un número aproximado de 50 o 60 medianos propietarios y comerciantes, y una mayoría de pequeños propietarios, pegujeros, que apenas si tenían para sobrevivir. Más abajo, en la escala social, estaban los jornaleros del campo, braceros, los pobres de solemnidad, las viudas pobres y la absoluta mayoría de gitanos. Y, como pueblo agrícola, las condiciones atmosféricas y plagas afectaban a todos, hasta el punto de que, en 1915, el Ayuntamiento dedicó una sesión exclusiva al problema del paro obrero.

Es curioso ver cómo afrontaba el Ayuntamiento el problema del paro de los jornaleros del campo, dando como única solución el reparto de limosnas, según podemos ver en la siguiente acta del pleno del 20 de marzo de aquel año:

En síntesis, lo que el acta viene a decir es que, a consecuencia del temporal de lluvias que ya duraba tres meses, los jornaleros del campo se encontraban en una situación angustiosa, sin poder ganarse el jornal para su sustento y el de sus familias. Teme el alcalde (Luis Salazar González) que los braceros puedan formar tumultos o amenazar con exigencias que él juzga como “poco razonables y atendibles”. Ante esta situación, la solución que se propone es única y exclusivamente la caridad: el Ayuntamiento aportará 200 pesetas y se hará una colecta apelando a “los caritativos sentimientos de este vecindario”. Y, como la Semana Santa estaba cercana, “para solemnizar estos sagrados cultos”, los concejales y propietarios que hubieran aportado dinero, lo repartirían entre “los verdaderamente necesitados” y remediar así tanta miseria. Como vemos, nada se propone de obras públicas, como arreglo de caminos o limpieza de calles e incluso el desbroce de malas hierbas que separaban las fincas y que eran focos de insectos, como por ejemplo la temida langosta; u otras medidas semejantes que no impidieran el temporal. Nada de eso, sólo la caridad, con unos jornales para los braceros que en esta época no llegaban a 2 pesetas diarias.

En ésta o similares circunstancias locales, el 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado, con mucho más apoyo del que suele concedérsele, que duró hasta enero de 1930. Entre sus objetivos más inmediatos se encontraban la pacificación de Marruecos, el fin del sistema de turnos de los partidos de la Restauración, lo que se llamó el “descuaje del caciquismo”, el reforzamiento del nacionalismo español y la lucha contra el separatismo catalán. La Dictadura pasó desde un Directorio exclusivamente militar a un Directorio civil con políticos que, en su mayoría, no provenían del anterior sistema de partidos. En 1924, suspendida la Constitución de 1876, se fundó el partido Unión Patriótica, el único partido legal que existió, organizado por, desde y para el poder. Y, en esta situación, Pozo Alcón –donde se había fundado inmediatamente el Partido- pasó a ser, como veremos en el próximo artículo, un pueblo símbolo del nuevo Régimen por su tratamiento en la prensa oficial, más que por los resultados tangibles para el pueblo. 

Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera

El golpe de Estado y la Dictadura del general Primo de Rivera fueron acogidos, digámoslo así, con grandes expectativas, bastante ilusión y franco apoyo por parte de la clase dirigente local. Acababa así el llamado “Turnos de partidos” en el poder entre los liberales y los conservadores, con el compromiso expreso de la Dictadura de acabar con los caciques políticos, que en Pozo Alcón, como sabemos, estaban representados por Manuel Bustos Quiñones, del partido liberal y, después, Manuel Torres Quiñones, por los conservadores. La Dictadura contaba, entre otros,  con dos instrumentos con los que pretendió llevar a cabo sus objetivos: por una parte, la creación del partido único, la Unión Patriótica, siguiendo las ideas fascistas de Mussolini, para implicar a la sociedad civil en la tentativa; por otra parte, la generalización  en toda España de una institución catalana de origen  medieval, como era el Somatén que, además de sus funciones parapoliciales y paramilitares, tenía otra función social centrada en el mantenimiento de la moral pública. Ambas organizaciones empiezan a funcionar muy pronto en Pozo Alcón.

La Unión Patriótica local se constituyó el 23 de octubre de 1924, en una reunión presidida por el delegado gubernativo del distrito, Miguel Torres Obrador. Al acto acudieron gran parte de los representantes de los distintos sectores locales, desde el alcalde, al cura párroco, maestros, médico, juez, farmacéuticos, comerciantes o propietarios, hasta miembros destacados del Somatén local y demás particulares acomodados, es decir, la absoluta mayoría de la clase dirigente, de la llamada “buena sociedad”. En esta primera reunión fue elegido como presidente Manuel Antiñolo Quiñones; vicepresidente, Santos Torres García; vocales, Manuel Salazar García de Lara, Antonio Fajardo Sevilla, Francisco Antiñolo Leyva, Antonio Jurado Amador, Luis Salazar González, Francisco Vela Rodríguez, Manuel Antonio Iruela Carmona, Joaquín Antiñolo Leyva y Esteban Torres Carmona; secretario, Simón Torres Antiñolo ; y vicesecretario, Francisco Moreno Bustos.

Sorprende, por cierto, que sea precisamente Manuel Antiñolo, el cronista, el auxiliar de farmacia, el que fuera elegido como presidente de la Unión Patriótica. Manuel Antiñolo, que siempre desde la prensa había estado en la crítica política y, a veces, personal, pero que nunca había participado directamente en el breñal político, es ahora el presidente del nuevo partido. Pero más sorprendente todavía será su posición política en 1930, tras la caída de la Dictadura, cuando la rechaza totalmente en un giro radical de 180 grados.

Dos días después de la fundación del partido, el 25/10/1924, se publicó un “Manifiesto” que se distribuyó por todo el pueblo. El manifiesto sintetiza a la perfección la ideología y objetivos de la Dictadura. En primer lugar, se establece como condición para pertenecer al partido aceptar la Constitución de 1876, la de la Restauración borbónica, que era precisamente la que el propio golpe de Estado, de hecho, derogaba. El llamamiento para ingresar en el partido además se extendía a todos “…pudiendo por lo demás ingresar en sus filas liberales, conservadores, independientes, neutrales, hombres de todas las ideas, con tal que ellas encajen en los amplios principios de esa Ley fundamental”, refiriéndose a la Constitución antes mencionada. El manifiesto continúa repartiendo las culpas de la situación a la que se ha llegado entre todos, lo que ha desembocado en el golpe militar. La solución es el patriotismo no de palabra, sino con actos que se sintetizan en “orden, moralidad, cultura y trabajo”. Finalmente, cuando pase esta etapa transitoria y mientras lleguen futuras elecciones libres, ya en una teórica situación distinta, se hace un llamamiento a todos los poceños: “¡Y vengan mientras nuestros paisanos a engrosar las nutridas filas de la Unión Patriótica!”.

He aquí el manifiesto completo:

Por otra parte, el Somatén nacional, fundado en 1923, tenía ya presencia, al menos con dos miembros, en Pozo Alcón, que eran el cabo y el subcabo. El Somatén era la organización que salvaguardaba los intereses de la Dictadura en la calle. Se encargaban no sólo de velar por el orden público, pudiendo acompañar a la Guardia civil en sus actuaciones, sino que también se ocupaban de la moralidad pública, persiguiendo con especial ahínco la blasfemia. Constituían una especie de comandos civiles del Régimen y todos llevaban pistola. Tenemos noticias, por la revista de la organización que en Pozo Alcón, en 1924, el cabo era Luis Salazar González, exalcalde y el subcabo, Jesús Mallol Mezquita, quien había llegado a Pozo Alcón como juez municipal en 1915 para convertirse posteriormente en farmacéutico. Y sabemos también que el afiliado Manuel Gómez García, propietario y presidente de la Asociación de ganaderos, en 1925, “ayudó eficazmente a la Guardia civil en la detención de un gitano que había cometido varios robos”. Sabemos, por último, que en 1928 otro afiliado llamado Aurelio Rodríguez Quiñones es expulsado por no pagar la cuota de suscripción al Boletín Oficial El Somatén.

En los siete años que duró la Dictadura de Primo de Rivera, se sucedieron varios alcaldes en el Ayuntamiento: desde el primero, en 1924, Bautista Balaguer, hasta el último, Francisco Antiñolo Leyva, ya al final de esta etapa en 1930. Y otros como Antonio Jurado Amador y Manuel Torres Carmona. De todos ellos y de cómo Pozo Alcón se convirtió en un pueblo simbólico para la Dictadura, nos ocuparemos en el próximo artículo.                                                                                                  

José Manuel Leal

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