9 de diciembre de 2022

Pozo Alcón: La Historia y sus gentes. XXXVII

LA GUERRA CIVIL. LA TOMA DEL PODER

Por José Manuel Leal

Antes de adentrarnos en el estudio y análisis de las circunstancias que aquí se dieron tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y posterior guerra, me parece oportuna una consideración que creo que está aceptada por la mayoría de estudiosos y que, desde luego, los contendientes de entonces tenían bastante clara: la Guerra Civil española, antesala de la II Guerra Mundial, no era sólo un enfrentamiento sangriento y fratricida que separaba territorios, familias y amigos, sino que se trataba esencialmente de una guerra de exterminio. No se trataba sólo de derrotar al enemigo; el objetivo último, para ambos bandos, era la destrucción total, la eliminación física del bando contrario. De todo esto queda clara constancia ya desde los planes iniciales de los sublevados o declaraciones de líderes cenetistas , como José Buenaventura Durruti, a la prensa extranjera. Y otra consideración inicial que ya ha quedado suficientemente demostrada: en Pozo Alcón, la situación general era -y lo fue durante toda la Guerra- de una cierta y relativa tranquilidad, dada la situación bélica. La Guerra no fue especialmente cruel en Pozo Alcón; entendámonos, no fue especialmente cruel si la comparamos con lo que estaba ocurriendo en el resto de España. Ciertamente, durante el periodo bélico, se produjeron detenciones de elementos derechistas, expropiaciones, registros domiciliarios, trabajos forzosos, miedo y humillaciones; y después de la Guerra, para los derrotados, más detenciones, consejos de guerra, cárcel, campos de concentración, trabajos forzosos, miedo y muchas más humillaciones y abusos, sobre todo a las mujeres. También se produjeron algunos asesinatos, de los que nos ocuparemos oportunamente. Podemos afirmar, resumiendo mucho el asunto, que los milicianos locales y el Comité Local del Frente Popular lograron controlar y detener los posibles abusos de otros milicianos venidos de fuera. Se cuenta la anécdota del miliciano poceño que hacía guardia en la improvisada cárcel de la calle Pósito y que se enfrentó a un numeroso grupo de milicianos de Peal y Torreperogil que querían entrar en la cárcel, según ellos “para verla cara de los fascistillas del Pozo”, aunque podemos suponer que sus intenciones eran otras y los resultados fácilmente previsibles. Nada de esto ocurrió aquí.

Siempre me ha llamado la atención la rapidez con que las fuerzas republicanas locales  se hicieron con el control de poder y la pasividad del sector derechista, que probablemente no supo o no pudo juzgar bien cuál era la situación real, teniendo en cuenta el escaso armamento de que disponían los milicianos y las numerosas armas que poseían los de derechas.  Mucho más tajante en su análisis es el informe del Comandante de la Guardia civil de Pozo Alcón para la Causa General, cuando textualmente escribe: “Las causas que impidieron el triunfo del G.M. en esta localidad fue principalmente el miedo y apatía de los elementos de derechas en esta localidad que se inhibió en sus casas en espera de que todo se le diera hecho…”

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos EstatalesMinisterio de Cultura.España

Con este demoledor informe en el que se constataba la falta de disposición de la derecha local, quedó evidenciada para las autoridades del nuevo Régimen cuál había sido su falta de apoyo al golpe de Estado. Años más tarde, el cronista MAQ pretendía justificar esta falta de resolución, cuando escribía: “El 18 de julio de 1936, en Pozo Alcón había, como en todos los pueblos de España, corazones falangistas acuciados de inquietud patriótica. Fueron los que establecieron contacto con el puesto de la Guardia Civil pero llamadas las fuerzas a la cabeza de línea, Pozo Alcón fue dominada totalmente por el marxismo, a cuyo feudo, horripilante y demoníaco, perteneció hasta el 29 de marzo de 1939, día de su liberación”. A esta salida de los cuatro guardias civiles que fueron enviados al Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar, achacan todos los franquistas la falta de acción por parte de la derecha local. En cualquier caso, esta nula resistencia y el hecho de que no hubiera derramamiento de sangre entre “los hijos del pueblo” pudo ser un factor muy importante para que, si exceptuamos la matanza del Guadalentín, la represión republicana fuera muy débil: aquí no hubo ni sacas ni paseos.

Así pues, el día 22 de julio, la Guardia Civil, con sus familias y enseres, salen de Pozo Alcón. Al día siguiente, el 23 de julio, se produjeron unos hechos que fueron el detonante efectivo del inicio de la guerra aquí. Ese día, una manifestación de vecinos del Fontanar, a la que se sumaron rápidamente los de Pozo Alcón, consiguieron hacerse con el poder. Las detenciones empezaron el día 24 y se generalizaron el 2 de agosto hasta llegar a más de 100 vecinos detenidos, todo ello tras la llegada de otros milicianos de Peal y Torreperogil en apoyo de las milicias locales. Alrededor de 250 hombres llegaron de fuera para asegurar la posición. Decimos hombres, aunque en realidad sólo conocemos el nombre de una mujer, anarquista de la CNT, Joaquina Ramos Galiano, de 29 años, que procedía de Chilluévar. En el Consejo de Guerra al que fue sometida en 1941, se dice de ella: “…de ideología de izquierdas anterior al 18 de julio, que en esa fecha marchó a Pozo Alcón para hacer vida marital con el jefe de las milicias. El 23 de septiembre de 1936, de regreso a Jaén, y al pasar por Quesada, vestida de miliciana y provista de arma intentó detener al secretario del Juzgado municipal, amenazándole con el arma. Fue intensa propagandista de ideas disolventes y tomó parte en Pozo Alcón en saqueos y otros desmanes. Se la condena a 20 años de reclusión temporal como autora de un delito de auxilio a la rebelión”. (Recogido por Matilde Peinado en su obra “Hacia una didáctica de la exclusión”).

Una vez controlada la situación por parte de las fuerzas leales a la República, se constituyó el Comité del Frente Popular que, como sabemos, estaba compuesto por Casiano Cerrillo Casado, José Carmona Iruela, Cirilo Vilar Vargas, Julián Gámez Segura, Justo Bustos Moreno y Reyes Bustos Moreno, quienes representaban a las fuerzas de los partidos del Frente Popular local. Otros cargos significativos fueron Antonio Iruela Lara, nombrado alcalde después de las elecciones de febrero, y Juan Antonio Cabezuelo Fernández, quien también lo fue durante un corto periodo. Fue sustituido por Moreno Galeote, que creo fue el último alcalde republicano. Como juez municipal, fue nombrado Domingo Rodríguez Egea (Domingo “el Alpargatero”), “destacado elemento marxista”, según aparece en la Causa General. Después de dos años en el cargo, fue sustituido en 1938 por Gregorio García García. Como “Hombres buenos”, antecedente de los jueces de paz, para dirimir conflictos leves entre particulares, fueron nombrados durante un corto periodo de tiempo del año 1937 Nicolás Quiñones y Juan Contreras.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos Estatales Ministerio de Cultura. España

A partir del momento en que el Frente Popular toma el poder, según recordaba Santos Torres en el libro de Manuel Moreno ya citado, se multiplicaron las detenciones y registros, y posteriormente los saqueos. En los registros domiciliarios, además de imágenes y demás devociones religiosas, se encontraron y decomisaron numerosas escopetas de caza y muchas otras armas cortas con las que se rearmaron las milicias. En las semanas y meses posteriores, los detenidos fueron saliendo lenta y progresivamente de su arresto, previa entrega al Comité de cantidades que oscilaban entre las 10000 y las 50000 pesetas, según la capacidad económica de cada uno, su grado de afiliación política y, lógicamente, conforme a otros criterios subjetivos que incluían simpatías o antipatías personales.

Y llegamos así, sin poder establecer la fecha exacta, a aquellos primeros días en los que se produjeron la destrucción de las imágenes de la iglesia y la retirada y el envío de las campanas para su fundición y posterior uso como material bélico. El edificio como tal pasó a convertirse en almacén y otra parte de él, habilitada como Casa del Pueblo. En la Causa General queda constancia de estos hechos y de los acusados conocidos. Tenemos también el testimonio oral de Mª Juana Martínez Lara, la cual recordaba cómo las imágenes habían sido arrastradas por el pueblo hastael inicio del camino del Fontanar, y su quema delante de la puerta de la iglesia. Y también el testimonio de Isabel González Alarcón quien, resumiendo su experiencia, contaba que vino con su madre desde Cuevas del Campo, donde tenían una fonda, a comprar en La Campana, ya que iban a cerrar todo por la guerra, y vinieron en un camión, y los milicianosles ataron la Virgen del Carmen al camión, arrastrándola hasta el río de Zújar(el río Guardal o río Grande), donde la echaron para que bajara hasta Sevilla.

Además de esta imagen, fueron arrastradas por el pueblo y quemadas en la plaza de Esteban Torres Antiñolo, entre otras, una imagen de San Francisco, de mediano tamaño, o un cuadro de la Anunciación, de varios metros cuadrados, arrancado del fondo del altar mayor. También fue quemada la imagen de la Virgen de los Dolores y otra de la Virgen de Belén, de la que finalmente una mujer llamada Nicolasa que vivía en la calle Carrizalejo logró salvar su cabeza de entre las llamas y la del Niño, según unos, que tenía en sus brazos,  o sólo  las manos, según otros. Esta última imagen totalmente restaurada es la única que se conserva en la actualidad. Por su participación en estos años, en la que participaron sobre todo milicianos venidos de fuera, fueron acusados y encarcelados Antonio Segura Segura y Macario Bustos Iruela, según podemos ver en el siguiente documento:

José Manuel Leal

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