23 de febrero de 2024

Pozo Alcón: La Historia y sus gentes. XXXVIII

Cortijo «La Abajadilla». Foto:Manuel Titos

LA MATANZA DEL GUADALENTÍN

Por José Manuel Leal

En las últimas semanas de julio y primeras de agosto de 1936, con la situación totalmente controlada por las fuerzas leales a la República, Pozo Alcón estaba repleto de milicianos locales y foráneos. En estos momentos iniciales de la guerra, la mayoría de los milicianos que actuaron en esta zona estaban integrados en el batallón que comandaba el célebre anarquista José Poblador Colás, conocido como “Pancho Villa”, quien ya se había destacado repartiendo armas por la zona en las semanas anteriores a la guerra. Poblador contaba con un grupo de acción rápida, también conocido como “Los Hijos de la Noche”, formado, entre otros, con los presos liberados de la cárcel de Cartagena. Más concretamente, éstos podrían estar bajo las órdenes del lugarteniente de Pancho Villa, el quesadeño Antonio Toral, individuo de baja catadura humana, que posteriormente fue asesinado por un militante de la UGT, cuando volvía de un Congreso sindical que se había celebrado en Baza, capital granadina oriental de la zona republicana. La mayoría de estos milicianos participaron en el saqueo y quema de las imágenes de la iglesia y en la detención y asesinato de siete falangistas huidos de Yeste, que tuvo lugar en la mañana del 9 de agosto de 1936, en la margen derecha del río Guadalentín. El octavo miembro del grupo fue traído malherido a Pozo Alcón y posteriormente enviado a Yeste, donde fue fusilado.
Antes de ocuparnos de los terribles sucesos que ocurrieron en el cortijo de la “Abajadilla”, sería conveniente analizar, a grandes rasgos, la situación en que se encontraba Yeste (Albacete), punto de procedencia de las víctimas.
Muy poco antes del inicio de la guerra, en concreto el 29 de mayo de 1936, se produjeron los llamados “Sucesos de Yeste”, en un sangriento enfrentamiento entre campesinos anarquistas y fuerzas de la Guardia civil con el resultado de 18 campesinos muertos y un agente del orden. Este suceso, que produjo una crisis en el recién nombrado gobierno del Frente Popular, es tenido por muchos como el “acto inicial” de la misma Guerra Civil. Llegado el momento de la rebelión militar, los grupos rebeldes de la localidad lograron hacerse con el control, al menos durante unos días, hasta que fuerzas leales a la República ocuparon la ciudad. Entre los grupos que protagonizaron la rebelión se encontraban dos familias falangistas y terratenientes: los Lozano Guerrero y los Suárez Blázquez, que lograron huir por la Sierra con otros falangistas, buscando Granada donde el golpe militar había triunfado. Veamos a continuación quiénes fueron estos golpistas y también quiénes fueron acusados, según la Causa General, de aquellos hechos:

En cuanto a los acusados como “personas sospechosas de participación en el crimen” y detenidos en las prisiones de Jaén, nos ocuparemos de ellos en el artículo correspondiente a la represión franquista después de la guerra.
Respecto a las víctimas, si cruzamos estos datos con los que nos proporciona también la Causa General de Yeste, obtenemos las siguientes conclusiones: en primer lugar, todos ellos eran de la Falange (F.E.T.). De los hermanos Lozano Guerrero, el mayor de ellos, Jesús, de 27 años, de profesión empleado y Recaudador de Impuestos Municipales, había sido el fundador de la Falange en Yeste; sus hermanos, Francisco, de 23 años, y Joaquín, de 21, figuran como estudiantes, al igual que Rafael Fernández Sánchez. De los hermanos Suárez, Amable, de 24 años, figura como perito mercantil y José, de 21 años, propietario. Por último, figuran también Sergio Suárez Quijano, de 23 años, abogado de profesión, y Amadeo Gonzáles García, de 39 años, propietario. Éstas son las 8 víctimas que figuran tanto en la Causa General de Pozo Alcón como en la de Yeste. Pero la cuestión se complica cuando leemos el siguiente informe del médico de Pozo Alcón, Antonio Fajardo Sevilla:

Vemos que, según el informe del médico, además de constatar que 7 de ellos fueron después quemados y enterrados bajo piedras, el malherido que se trae al pueblo para ser curado, resulta que se llamaba Agrado Podio, que no figura en la lista anterior, y quien –dice el médico, en mi opinión equivocadamente – “según creo fue asesinado en el camino, cuando lo conducían a Yeste, su pueblo”. Todo esto nos plantea la duda de si fueron 8 o 9 los falangistas que huyeron de Yeste, aunque al molino de la “Abajadilla” sólo llegaron 8, de los cuales 7, como sabemos, fueron asesinados. Tendríamos que plantear dos hipótesis posibles: o bien que el joven Joaquín Lozano Guerrero, cuyo cadáver nunca apareció, se hiciera pasar por el motivo que fuera por otra persona, en concreto Agrado Podio, y que fuera asesinado en el viaje de vuelta en un lugar indeterminado del camino, como cree que ocurrió el médico Fajardo con el llamado Agrado Podio. La segunda hipótesis es que realmente fueran 9 los huidos y que uno de ellos, el joven Joaquín, no llegara nunca al cortijo y hubiera muerto por el camino, con lo que tendríamos que ciertamente el malherido era el verdadero Podio, de 29 años, también falangista, chófer de profesión, y que fue fusilado junto a otros tres falangistas el 20 de octubre del 36 en el término de Elche de la Sierra, dentro de la demarcación de Yeste. Es muy probable que así fuera, que no hubiera sido asesinado en el camino, sino realmente llevado a Yeste, donde a partir de septiembre empezaron a funcionar los Tribunales Especiales Populares, y condenado a muerte por adhesión a la rebelión. Me inclino a pensar que esta segunda hipótesis es la más acertada y que, efectivamente, el hermano menor de los Lozano, ya fuera porque venía herido de los enfrentamientos iniciales o porque sufrió algún accidente en el camino, murió antes de llegar aquí y su cuerpo jamás apareció.
Hechas estas aclaraciones, veamos a continuación cómo pudieron desarrollarse los hechos, para lo que contamos además con un poema del cronista MAQ, que lleva por título “El crimen”. Ciertamente tenemos que tener en cuenta que es poesía, con lo que esto supone de invención, aunque sí podemos extraer algún que otro dato.
Los 8 falangistas huidos de Yeste llegaron a Pozo Alcón, atravesando las sierras, que apenas conocerían, y en la noche del 8 de agosto (“a la luz de los luceros”) encontraron refugio en el cortijo de la “Abajadilla”, hoy en ruinas, por debajo del puente de La tía Canaca. Pero un joven que trabajaba en el molino recibió el encargo del dueño para que viniera al pueblo y diera aviso de la presencia de esos forasteros. En el poema citado se insinúa la traición por parte del propietario: “Son cortijos que, en su albura,/ a veces guardan traición…”.
Según Manuel Moreno en su “Pozo Alcón: Historia Ilustrada de un pueblo”, enseguida se formó un numeroso grupo de 200 o 300 milicianos que durante la noche se fueron acercando y rodeando el cortijo donde se hallaban los fascistas. Es evidente suponer que serían los milicianos locales los que irían señalando el camino, los lugares para apostarse o para cortar la posible huida. La noche clara de agosto con luna facilitaría el sigilo de la operación. Al amanecer (“subió el sol al horizonte”), el cortijo estaba totalmente rodeado y un pequeño grupo de milicianos, creo que todos foráneos, se dirigió hacia ellos comprometiéndose a que, si se rendían, no serían ejecutados allí y los llevarían ante el Comité del Frente Popular de Pozo Alcón. Después de serles retiradas las armas, prismáticos, brújula, relojes, etc., y con las manos atadas a la espalda, se dispusieron a cruzar el río Guadalentín de vuelta a Pozo Alcón. A partir de ese momento, se desencadenaron los hechos, cuando alguien del grupo “con un revólver americano empavonado de negro se volvió a uno de los detenidos y a bocajarro le disparó en la frente”. Señalamos en este punto que, efectivamente, cuando los cadáveres fueron exhumados en el año 39, uno de ellos presentaba un disparo en la frente. Después de esto, todos empezaron a disparar hasta dar muerte al resto del grupo, excepto al que trajeron herido a Pozo Alcón. Según palabras del que inició el tiroteo, “se lio un zambaleo de tiros, que incluso puso en peligro mi propia vida”. En este punto, podríamos preguntarnos si aquel fue un crimen premeditado. Me inclino a pensar que no y que la intención primera, siguiendo las órdenes del Comité del Frente Popular, era efectivamente traer los presos a Pozo Alcón; el hecho de que el malherido fuera traído al pueblo y no rematado allí mismo así podría señalarlo. Hemos de suponer que habría habido un breve interrogatorio sobre el número de miembros, armamento que llevaban, etc., y cuando los rebeldes dijeron que venían de Yeste, sin poder saber si esto fue antes o después del compromiso de rendición, el caso es que en ese mismo momento firmaron su propia sentencia de muerte. Los anarquistas de la CNT tenían muy presentes en su memoria los “sucesos de Yeste”, a los que ya nos referimos, y el hecho de que el golpe militar había triunfado en principio en aquella localidad. Estaba claro para sus captores que todos ellos habían participado en el golpe.
Finalizada la guerra, los 7 cadáveres fueron exhumados y vueltos a enterrar en el cementerio, en uno de los actos con el que los vencedores conmemoraron el 18 de julio de 1939. Dos años después, familiares y autoridades de Yeste vinieron para trasladar definitivamente los restos a aquella localidad, según constatamos en el siguiente informe:

Podemos destacar en este documento la presencia de José Antonio Lozano Guerrero, que era el cuarto hermano de la familia, renombrado pintor albaceteño, y que también iba a huir con sus hermanos, pero que finalmente se quedó en casa con sus padres porque consideraban que, con tan sólo 17 años y sin haber participado directamente en la rebelión, no sufriría ninguna represalia, como así fue. La nota final del documento entrecortada dice: “Los restos del camarada don Joaquín Lozano Guerrero no fueron exhumados por no haber sido hallados”. Todo lo cual lo firma el alcalde, Agustín Tirado, el 16 de junio de 1941.
A partir de mediados de septiembre de 1936, los numerosos grupos de milicianos abandonan el pueblo. Recordemos que la miliciana Joaquina Ramos intentó detener, el día 23 de aquel mes, al secretario del juzgado de Quesada cuando se dirigían a Jaén. Inmediatamente después, la situación se normalizó, desde el punto de vista militar, con la llegada al pueblo de un destacamento de la 89 Brigada Mixta a las órdenes de su comisario político Alfonso Fernández Torres, destacado socialista hasta su muerte en un accidente ferroviario en 1978, cuando era diputado por el PSOE en el Congreso de los Diputados de la primera legislatura democrática. Con estas fuerzas de Alfonso Fernández llegaron también los Guardias de Asalto, cuerpo creado por la República y mayoritariamente leal a ella, que se encargaron de asegurar el orden público durante toda la guerra en Pozo Alcón. Alguno de estos Guardias de Asalto, como Ángel del Barrio Hernández, aquí se casó, aquí se quedó a vivir después de la guerra y tras tres años en prisión, y aquí sufrió la represión del nuevo Régimen dictatorial franquista.
José Manuel Leal

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